Sin dudas, las madres del barrio Antena y de los vecindarios que rodean el Salí celebran cada vez que un "transa" es condenado por la Justicia. Pero ellas saben que su drama diario no acaba con un fallo.
El gobernador, José Alperovich, ya describió cómo funciona el sistema. "Si usted agarra un dealer que vende droga, es una familia: va preso el padre... comienza a vender el hijo; va preso el hijo... comienza a vender el primo... Es un tema que no se termina más", expresó el mandatario el año pasado.
Esta lógica, muy acertada, implica que no importa cuántos operativos realice la Policía ni cuántos narcos sean condenados por la Justicia. Siempre aparecerá alguien que ocupará el lugar del dealer del barrio. Es un círculo inagotable, porque la demanda de "paco" sigue en aumento. Y quizás ese sea el indicio de que las políticas del Estado están apuntando al lugar equivocado.